Por Psicología de a Pie
Si después de un buen resultado tu hijo sigue hablando de lo que le faltó, puedes preguntar qué significa para él esa nota. Mirar solo el resultado puede dejar sin escuchar la expectativa con la que lo compara o la preocupación que quiere expresar.
Vamos a centrarnos en las conversaciones sobre rendimiento que se repiten, más allá de un examen concreto: qué entiende el joven por hacerlo bien, qué mensajes recibe y qué apoyo querría consultar.
Qué significa para él una buena nota
Puedes comenzar por una situación reciente: «¿Qué esperabas de este resultado y cómo lo estás viviendo?». Escucha si habla de una meta propia, de una comparación o de algo que cree que otras personas esperan de él.
Si dice «No es suficiente», puedes preguntar qué tendría que haber ocurrido para que lo considerase distinto. No hace falta discutir de inmediato sobre si la nota es objetivamente buena; primero puedes intentar comprender la referencia que está utilizando.
UNICEF orienta a reconocer lo que el adolescente expresa. En esta conversación, puedes responder a su preocupación sin darla por resuelta con «No tienes motivos para sentirte así» porque el resultado te parezca satisfactorio.
Qué exigencias aparecen en la vida cotidiana
Puedes preguntar si esta preocupación se limita a una evaluación o si aparece también al preparar tareas, recibir comentarios o decidir cuándo algo está terminado. El objetivo es conocer situaciones concretas, no asignar una etiqueta a partir de una frase.
Por ejemplo, puedes escuchar qué ocurre cuando cree que ha cometido un error o cuando termina algo sin saber aún cómo se valorará. Si no entiende tu pregunta, utiliza una escena que él haya contado en lugar de una lista de conductas que deba reconocer.
Conserva la diferencia entre lo observado y lo que estás suponiendo. «Ha dicho que necesita revisar otra vez esta tarea» describe información; «Nunca estará satisfecho con nada» convierte esa observación en una conclusión general sobre la persona.
También puedes preguntar qué cosas, además del rendimiento, quiere tener presentes en su día a día. No necesitas decidir por él cuánto debería importarle cada una para escuchar su perspectiva.
Revisa tus expectativas y el apoyo que ofreces
Te proponemos comparar lo que quieres transmitir con lo que necesita aclararse en la conversación. Las preguntas siguientes son ejemplos para preparar el diálogo.
| Lo que quieres comunicar como adulto | Lo que puedes preguntar al joven |
|---|---|
| Te interesa cómo le está yendo. | «¿Cómo recibes mis preguntas sobre las notas?». |
| Quieres animarle a continuar. | «¿Qué apoyo te resulta útil y qué comentario añade más exigencia para ti?». |
| Valoras su responsabilidad. | «¿Qué crees que espero de ti cuando hablamos de los resultados?». |
Si la respuesta no coincide con tu intención, puedes aclarar el mensaje y escuchar qué está ocurriendo. Acompañar no exige añadir una meta nueva cada vez que alcanza la anterior ni convertir una dificultad en una comparación con otros.
Puedes concretar qué ayuda te está pidiendo, qué puedes ofrecer y qué necesitaría consultar con otra persona. Si quiere hablar de una cuestión académica específica, podéis preguntar a la referencia educativa correspondiente; si quiere expresar cómo se siente, podéis mantener ese espacio sin convertirlo de inmediato en un plan para mejorar la nota.
Qué malestar o dificultades llevar a una consulta
Si te preocupa cómo está viviendo el rendimiento, puedes solicitar orientación con ejemplos concretos. Explica qué ha expresado, en qué situaciones aparece la dificultad y qué aspectos de su vida cotidiana os está costando abordar.
Puedes llevar también sus preguntas y las tuyas. No necesitas presentar un diagnóstico de perfeccionismo ni decidir qué tratamiento necesita para pedir información sobre la atención.
En Psicología de a Pie ofrecemos atención para adolescentes. Cuéntanos qué necesitas plantear y consulta las opciones de atención. El primer mensaje puede limitarse al motivo general; el encaje y la cita necesitan confirmación con el equipo.