Mi hijo adolescente no quiere ir al psicólogo: cómo abrir la conversación

Por Psicología de a Pie

Si propones consultar con un psicólogo y tu hijo adolescente responde que no quiere ir, puedes empezar por preguntar qué le preocupa de esa idea. Su respuesta puede dejar dudas sobre la atención, sobre lo que tú estás proponiendo o sobre algo que todavía no sabe explicar.

En Psicología de a Pie te proponemos preparar una conversación para escuchar esa perspectiva y expresar tu preocupación con claridad. El objetivo inicial es comprender el rechazo y aclarar preguntas, sin tratar el encuentro como una discusión que debas ganar.

Pregunta qué le preocupa de la propuesta

Puedes abrir con una pregunta concreta: «¿Qué es lo que no te convence de ir?» o «¿Hay algo de esta propuesta que te preocupe especialmente?». Después, deja espacio para que explique lo que quiera decir con sus propias palabras.

Si responde «No me pasa nada» o «No sirve», puedes preguntar qué entiende por consultar y qué imagina que ocurriría. No necesitas deducir una causa del rechazo a partir de una sola frase ni llamarlo rebeldía para poder hablar de ello.

UNICEF recomienda interesarse por la perspectiva del adolescente y escuchar sin forzar una conversación que todavía no puede expresar. Puedes mantener abierta la posibilidad de retomarla sin repetir la misma pregunta hasta obtener una respuesta.

Si has entendido una preocupación, compruébalo: «¿Lo que te preocupa es esto o estoy entendiéndolo mal?». Esa aclaración puede mostrar una duda concreta, aunque el joven siga sin querer acudir.

Explica por qué estás proponiendo ayuda

Puedes describir qué te preocupa a ti, diferenciando lo que has observado de lo que estás suponiendo. «Me preocupa que nos cueste hablar de esta situación y no sé cómo acompañarte» expresa una inquietud distinta de «Tienes un problema y hay que arreglarte».

Escoge un ejemplo que permita entender tu motivo. Puedes explicar qué ha cambiado, qué dificultad encuentras y por qué estás planteando una consulta. No hace falta reunir todos los desacuerdos familiares ni presentar una etiqueta que el adolescente deba aceptar para poder hablar.

Evita utilizar la atención como amenaza, castigo o prueba de obediencia. Puedes expresar que quieres buscar orientación y reconocer que todavía hay preguntas que necesitáis aclarar sobre cómo se plantea esa ayuda.

Qué puede preguntar el joven al equipo

El adolescente puede tener dudas que no coincidan con las tuyas. Puedes preguntarle qué querría saber antes de valorar la propuesta y si quiere anotar sus propias preguntas.

Algunos ejemplos posibles son:

  • «¿Qué información necesitáis para saber cómo podríais atenderme?».
  • «¿Quién participaría en el encuentro y cómo se decide?».
  • «¿Puedo explicar que hay temas de los que me cuesta hablar?».
  • «¿Cómo se aclararán las dudas sobre la información que se comparte con la familia?».

Estas preguntas permiten consultar las condiciones reales. No conviene responder por el equipo prometiendo cómo será una entrevista o qué información se comunicará antes de que se haya aclarado con los responsables.

Puedes conocer nuestra página de atención para adolescentes y plantear las dudas que necesitéis resolver.

Si sigue sin querer hablar

Puedes decir qué has podido comprender y qué sigue preocupándote, dejando abierta una conversación posterior. Si no sabes cómo acompañar la situación, puedes solicitar orientación profesional explicando el motivo general y que tu hijo no quiere acudir o hablar de la propuesta.

Para preparar esa consulta, anota lo que has observado, lo que el joven ha expresado y las preguntas que no habéis podido aclarar. Conserva las diferencias entre esas tres partes, sin convertir tu interpretación en su respuesta.

Cuéntanos qué necesitas y consulta con nosotros las opciones de atención. El equipo tendrá que valorar el encaje y aclarar las condiciones de participación antes de confirmar una cita. Puedes empezar sin enviar una historia íntima completa del adolescente.

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