Por Psicología de a Pie
Si un adolescente expresa vergüenza por ir al psicólogo o preocupación por lo que pensarán otras personas, puedes preguntar qué imagen tiene de esa ayuda y qué juicio teme. No hace falta asumir que esa es la razón de cualquier rechazo a consultar.
Vamos a centrarnos en cómo hablar de esas ideas y preparar sus dudas, sin intentar convencerlo con promesas sobre lo que sentirá o sobre quién conocerá la atención.
Qué cree que pensarán otras personas
Puedes empezar por sus palabras: «¿Qué te preocupa que piense alguien si lo sabe?» o «¿Qué significa para ti pedir este apoyo?». Escucha si está hablando de una opinión concreta, de un comentario que ha oído o de algo que está imaginando.
Si menciona una frase, pregunta qué entiende de ella y cómo la relaciona consigo mismo. Evita atribuirle una preocupación por el juicio de sus compañeros si no la ha expresado; puede haber otras dudas sobre la consulta.
La propuesta de UNICEF de aclarar las opiniones del adolescente puede ayudarte a preguntar sin buscar una respuesta predeterminada. Puedes resumir lo que has entendido y darle espacio para precisar su posición.
Habla de pedir apoyo sin etiquetas de debilidad
Si aparece una idea como «Ir significa que eres débil» o «Solo va quien tiene algo malo», puedes hablar de lo que esa frase está dando por supuesto. Pedir información sobre una consulta permite plantear una necesidad o una duda; no describe por sí solo cómo es una persona.
Puedes explicar tu propuesta con un motivo concreto: «Estoy planteando consultar porque me preocupa esta situación y quiero que podamos pedir orientación». Esa formulación es distinta de utilizar al psicólogo como castigo o de presentar al adolescente como alguien que debe ser corregido.
También puedes revisar tus propias expresiones sobre la atención psicológica. Si has utilizado alguna etiqueta despectiva, puedes aclararla sin exigir que el joven deje de sentir vergüenza al escuchar tu explicación.
No necesitas responder con una promesa de que la consulta será fácil o de que cambiará de opinión al acudir. Puedes reconocer la preocupación y proponer que prepare las preguntas que necesita aclarar.
Deja espacio para sus dudas sobre la participación
El joven puede querer saber quién le atendería, quién participaría o cómo se abordan las preguntas sobre la información que se comparte. Puedes llevar esas dudas al equipo antes de ofrecer respuestas que todavía no conoces.
Una invitación posible es: «No necesitas decidir ahora qué contar. Podemos empezar por anotar qué quieres preguntar sobre la atención y consultar sus condiciones». Puedes adaptarla sin presentarla como una obligación de acudir después.
Te proponemos separar estas notas:
- Qué teme que signifique pedir ayuda.
- Qué pregunta quiere plantear sobre el encuentro.
- Qué información necesita aclarar con los responsables.
Si pregunta quién conocería la atención o qué se comunicaría a la familia, explica qué has podido confirmar y qué sigue pendiente. No prometas secreto absoluto para conseguir que acepte la propuesta.
Distingue la vergüenza de otras dudas
Puedes preguntarle si el juicio de otras personas es su preocupación principal o si hay otros motivos para no querer consultar. Tal vez necesita aclarar algo del proceso o simplemente no quiere hablar de ello en ese momento; no completes su respuesta por él.
Si no sabes cómo acompañar la conversación, puedes pedir orientación describiendo el motivo general y las preguntas que han aparecido. No necesitas demostrar que el adolescente tiene un problema clínico para consultar las condiciones de la atención.
En Psicología de a Pie ofrecemos atención para adolescentes. Cuéntanos qué necesitas y plantea tus dudas al equipo. El encaje, la participación y la cita requieren confirmación.